Te explicamos cómo poder usar la Inteligencia Artificial de manera correcta en el ámbito de la terapia.
En la última década, hemos sido testigos de un crecimiento exponencial en el uso de herramientas de inteligencia artificial (IA) en diversos ámbitos de la vida cotidiana. Uno de los terrenos donde su impacto comienza a ser más visible —y polémico— es el de la salud mental. En especial, se ha observado un fenómeno creciente entre jóvenes que recurren a aplicaciones como ChatGPT como alternativa para solicitar apoyo emocional, a veces en sustitución de la terapia tradicional.
Este artículo analiza, desde una perspectiva profesional, los riesgos, beneficios y posibilidades del uso de IA como herramienta complementaria en procesos terapéuticos.
Jóvenes que recurren a la IA como sustituto de la terapia
El acceso a servicios de salud mental sigue siendo limitado para amplios sectores de la población, especialmente para jóvenes. En este contexto, plataformas de inteligencia artificial como ChatGPT han ganado popularidad como espacios donde expresarse, reflexionar o simplemente ser “escuchadxs”.
Reportajes recientes de medios como RTVE y El País muestran que algunas personas jóvenes han llegado a establecer una relación emocional con estos modelos, considerándolos una fuente constante de apoyo. Esta interacción suele estar motivada por la inmediatez de respuesta, la ausencia de juicio y la facilidad de uso. En entornos donde el sistema sanitario presenta listas de espera prolongadas o escasa cobertura pública en salud mental, la IA aparece como una alternativa accesible y disponible 24/7.
Riesgos del uso terapéutico de la IA
A pesar de su potencial, utilizar una IA como sustituto de un proceso terapéutico profesional implica múltiples riesgos. Los modelos de lenguaje actuales no están diseñados para diagnosticar ni tratar trastornos psicológicos. Su entrenamiento se basa en patrones de lenguaje, no en criterios clínicos. Además, pueden generar respuestas inapropiadas, inexactas o incluso peligrosas en situaciones de crisis.
Uno de los principales problemas es que la IA carece de la capacidad para interpretar el lenguaje emocional de forma profunda. No puede leer el contexto más allá de las palabras escritas, ni evaluar el riesgo real en conductas autodestructivas. En casos documentados, como el suicidio de un adolescente tras una conversación con un chatbot, se evidencian las graves consecuencias de delegar la contención emocional en un sistema automatizado.
Desde una perspectiva ética, también preocupa la posible confusión entre lo que es un acompañamiento profesional y lo que puede ofrecer un modelo de IA, especialmente entre usuari@s jóvenes o vulnerables.
Beneficios y usos responsables de la IA en salud mental
Dicho esto, es importante reconocer el potencial de la inteligencia artificial como herramienta de apoyo dentro de marcos bien definidos. Existen desarrollos recientes que combinan IA con supervisión humana para mejorar la atención en salud mental.
Un ejemplo positivo es el chatbot Menty, que actúa como una primera toma de contacto para usuari@s que buscan terapia. Este sistema no reemplaza a l@s profesionales, sino que orienta y ayuda a identificar el tipo de apoyo necesario.
Asimismo, en el ámbito de la investigación, se están desarrollando algoritmos capaces de detectar patrones lingüísticos asociados con ideación suicida, lo que permitiría activar protocolos de emergencia y derivaciones clínicas a tiempo. Es decir, si una persona escribe ciertas palabras determinadas por un/a profesional como «alarmantes», la Inteligencia Artificial podría enviar una notificación al profesional, para que este atienda a la persona cuanto antes.
Imagínate que una persona no tiene cita hasta dentro de un mes. Se siente con ansiedad, agobiada y decide hablar con un chatbot, un sábado por la noche. Hasta aquí, todo normal. Pero el chatbot empieza a identificar pensamientos e ideas que pueden poner en peligro la vida de esta persona. En ese momento podría mandar un email a su profesional de referencia, y poder adelantar su cita.
Estos avances, integrados dentro de sistemas de salud mental con intervención profesional, podrían convertirse en una herramienta valiosa para la prevención, la orientación temprana y el seguimiento.
Reflexiones sobre este uso
Desde IIAS consideramos que resulta fundamental comprender estas nuevas dinámicas y su impacto en el bienestar emocional de las personas. La IA no es, ni debe ser, un sustituto de la relación terapéutica, pero sí puede ser un recurso complementario que amplíe el acceso a la atención, especialmente en contextos donde existen barreras estructurales.
Como profesionales, debemos fomentar el uso crítico y ético de estas tecnologías, sensibilizar a la población sobre sus limitaciones, y promover siempre la intervención humana como núcleo del acompañamiento terapéutico. Además, debemos seguir abogando por sistemas públicos de salud mental más accesibles, equitativos y humanos.
En definitiva, la IA puede ser una aliada, pero solo si no perdemos de vista lo esencial: la salud mental requiere comprensión, escucha activa y vínculo humano. Algo que, por ahora, ningún algoritmo puede replicar por completo.
Tal vez este artículo te haya abierto los ojos al uso de la IA de una manera que jamás habías imaginado. Si quieres explorar más, aprender y empezar a aplicar la IA en el mundo de la terapia, puedes formarte con nuestros cursos.
