Cada vez más personas usan la IA para «cuidar» su salud mental, pero ¿es positivo esta utilización?
IA, salud mental y el reto del acompañamiento ético
La Inteligencia Artificial (IA) está transformando múltiples aspectos de nuestras vidas, y la salud mental no es la excepción. ¿Puede una máquina ayudar a detectar malestar emocional? ¿Puede apoyar, pero no reemplazar, a profesionales como psicólogas, trabajadores sociales o educadores?
Estas fueron algunas de las preguntas que estructuraron el reciente Foro UNIR “¿La IA en salud mental: amiga, enemiga o aliada que aún no conoces?”. Este evento reunió a expertas y expertos de diferentes disciplinas para reflexionar sobre el uso de la IA en contextos de atención emocional, y dejó claro que el futuro de la salud mental será colaborativo, ético y con supervisión humana.
IA y salud mental: detección precoz y análisis del lenguaje
Uno de los aportes más relevantes vino de la investigadora Alba Mármol, quien explicó cómo los sistemas de IA, mediante el análisis de patrones lingüísticos en redes sociales, pueden identificar señales tempranas de riesgo, como en los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA).
Esta capacidad de detección temprana resulta especialmente valiosa para profesionales del trabajo social y la intervención comunitaria, donde el diagnóstico precoz y la prevención son claves. No obstante, Mármol también advirtió sobre los peligros de confiar ciegamente en sistemas no supervisados: la IA puede reconocer palabras, pero no comprende el contexto, ni tiene sensibilidad clínica ni ética.
“Las máquinas no sienten ni comprenden emociones, pero sí pueden detectar señales que merecen atención humana.” — Alba Mármol
Medir el estrés de forma objetiva
Diego Cajal Orleans presentó una mirada innovadora sobre el uso de dispositivos vestibles (wearables) que permiten medir respuestas fisiológicas al estrés. A través de sensores, estos dispositivos registran la reactividad del sistema nervioso ante estímulos y ofrecen métricas objetivas para complementar las entrevistas clínicas.
Desde una perspectiva social, este tipo de tecnología puede apoyar a equipos interdisciplinares que trabajan con personas en situación de vulnerabilidad, estrés crónico o trauma. La clave está en que estas herramientas no sustituyen la escucha activa ni la intervención profesional, pero pueden aportar datos útiles para orientar decisiones clínicas o psicosociales.
Comunicación aumentativa: cuando la IA favorece la inclusión
Eduardo Lleida, desde el Instituto de Investigación e Ingeniería de Aragón, expuso los avances en comunicación aumentativa con IA para personas con dificultades del habla, como niñas y niños con TEA o parálisis cerebral. Gracias a herramientas como pictogramas o sintetizadores de voz personalizados, la IA permite una comunicación más cercana, comprensible y emocionalmente significativa.
Uno de los proyectos más llamativos es la clonación de voces familiares, donde un comunicador puede hablar con la voz del padre o la madre, reforzando la conexión emocional del menor con su entorno.
Para profesionales del ámbito social, estas innovaciones son una invitación a incorporar herramientas inclusivas, pero también a reivindicar el derecho a comunicarse con dignidad, sin dejar a nadie fuera.
Ética, privacidad y el papel insustituible de lo humano
El uso de IA en salud mental plantea importantes desafíos éticos. Desde el manejo de datos sensibles hasta la toma de decisiones algorítmica, el riesgo de vulnerar derechos es real si no se trabaja con anonimización, encriptación y supervisión constante.
Aquí, el rol de trabajadoras sociales, psicólogos y profesionales de la salud es fundamental: no como meros usuarios, sino como agentes críticos en el diseño, aplicación y evaluación de estas tecnologías.
En este sentido, debemos tener en cuenta que la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha planteado 6 principios para aquellos casos donde se use la IA en el ámbito sanitario:
- Proteger la autonomía
- Promover el bienestar y la seguridad de las personas y el interés público
- Garantizar la transparencia, la claridad y la inteligibilidad
- Promover la responsabilidad y la rendición de cuentas
- Garantizar la inclusividad y la equidad
- Promover una IA con capacidad de respuesta y sostenible
Formación, mirada crítica y trabajo interdisciplinar
Desde el ámbito académico, se destacó la necesidad de una formación específica, crítica y práctica en IA aplicada a la salud mental. Andrea Vázquez Bello y Xavier Llorente, responsables de másteres en TCA y Gerontología, subrayaron que la IA está entrando en consulta, y los profesionales deben estar preparados.
En este nuevo escenario, la interdisciplinariedad se vuelve indispensable: ingenieros, psicólogas, trabajadores sociales y educadores deben colaborar desde sus saberes para crear herramientas realmente útiles, seguras y centradas en las personas. Pero para ello, es necesario formarse.
La Inteligencia Artificial no es ni enemiga ni salvadora: es una herramienta poderosa que debe usarse con sensibilidad, ética y supervisión profesional. En el ámbito de la salud mental y la intervención social, puede abrir nuevas oportunidades para la detección, la inclusión y el acompañamiento, pero solo si ponemos en el centro a las personas, sus derechos y su dignidad.
Desde IIA Social, reivindicamos el valor del trabajo interdisciplinar, la formación crítica y el compromiso ético para construir tecnologías al servicio del bienestar colectivo. Porque la innovación solo es social si no deja a nadie atrás.
