Una conversación que comenzó como una curiosidad terminó revelando una pregunta profunda y urgente: ¿puede una inteligencia artificial como ChatGPT ocupar el lugar de un terapeuta?
Cada vez más personas escriben sus miedos, angustias, peleas o deseos en una caja de texto esperando que del otro lado haya una especie de sabiduría tranquila que les devuelva paz. Lo interesante es que, a veces, eso ocurre. Y entonces surge otra pregunta aún más inquietante: ¿a qué precio?
La psicóloga y psicoanalista Florencia Delgado participó en una entrevista que hoy se viraliza como un eco de lo que muchos se están preguntando en secreto. A través de su experiencia, se nos abre un universo de interrogantes sobre cómo la Inteligencia Artificial está transformando no solo la vida cotidiana, sino el modo en que nos relacionamos con nosotros mismos. Lo que parecía ciencia ficción está aquí, y no hay marcha atrás.
El poder de una respuesta rápida… ¿y única?
Una de las grandes diferencias entre la IA y una búsqueda tradicional (como Google) es que la IA da una única respuesta. Y no cualquier respuesta, sino una que, por diseño, tiende a ser amable, clara, afirmativa. En definitiva: te dice lo que quieres escuchar.
¿Te peleaste con tu pareja y no sabes cómo reaccionar? ChatGPT te puede ofrecer una lista de opciones empáticas y diplomáticas. ¿Te sentís triste y confundido? Te devolverá un mensaje validante, muchas veces cargado de consejos útiles. Hasta ahí, podríamos pensar: “¡genial!”. Pero justo ahí comienza el dilema.
En el psicoanálisis la función no es dar respuestas, sino abrir preguntas. El sufrimiento no se resuelve con un “tip”, ni con una receta, ni mucho menos con una verdad empaquetada. Se trabaja desde la singularidad. Y eso, justamente, es lo que la IA no puede hacer.
Singularidad vs. Estadística
Aquí se toca un punto clave: la IA trabaja con estadística, no con la historia única de cada quien. Su sistema de aprendizaje está basado en patrones, promedios, respuestas más aceptadas. Y, sin embargo, el psicoanálisis —y muchas otras corrientes terapéuticas— pone el foco en lo diferente, lo que no encaja, lo raro, lo íntimo, lo que duele sin nombre.
Ahí es donde el riesgo se vuelve más evidente. Porque si uno va a la IA en busca de alivio, probablemente lo encuentre. Pero ese alivio puede ser superficial, momentáneo y hasta contraproducente si refuerza creencias rígidas o tapa preguntas importantes.
Puede cerrar sentidos. Inhabilita la búsqueda de otras alternativas. Te encasilla». Y en ese cierre, en ese alivio inmediato que evita la complejidad, es donde muchas personas pueden perderse a sí mismas.
La amabilidad peligrosa
Uno de los elementos que más fascina (y a veces preocupa) a quienes usan ChatGPT es su tono: amable, servicial, educado. Hasta empático. Parece entenderte. Y esa sensación de compañía, en un mundo cada vez más solitario, puede ser adictiva.
Algunas personas relatan tener relaciones afectivas con la IA, hablarle a diario, despertarse con sus mensajes, consultarla como si fuera una amiga íntima o terapeuta.
Y sí, esa sensación de «me escucha», «me entiende», «me apoya» puede ser reconfortante. Pero es una relación con una entidad que no tiene emociones, ni historia, ni ética, ni presencia real. Es una simulación.
¿Entonces no se puede usar la IA para temas emocionales?
La inteligencia artificial puede ser útil, incluso en salud mental, en ciertos campos: evaluaciones psicométricas, apoyo a diagnósticos, gestión de datos.
Pero confundir una conversación con una IA con una terapia es peligroso.
Lo que propone, más bien, es sentido crítico: “¿Corroboraste lo que te dijo con alguien más? ¿Lo contrastaste?”. Esa es una buena brújula para quienes hoy usan herramientas como ChatGPT para desahogarse o buscar orientación.
¿Dónde queda lo humano?
En un mundo que cada vez avanza más hacia la tipificación, la generalidad, las respuestas promedio, la diferencia se vuelve un acto de resistencia.
Y quizás ahí está la clave. La IA vino para quedarse. Nos puede ayudar. Nos puede hacer la vida más fácil. Pero no puede reemplazar lo humano. No puede mirar tus silencios, no puede contener tus lágrimas, no puede recordarte que eres único y que tu dolor también lo es.
